martes, octubre 17, 2017

Carta de Alianza - Octubre 2017





 
Queridos hermanos:
Cada 18 de octubre celebramos la fiesta patronal de nuestro Santuario. La fecha nos recuerda su importancia y la posibilidad de reflexionar: ¿cuán valioso es para este lugar? ¿Qué encuentro allí? ¿Por qué vuelvo a él una y otra vez? En ese, nuestro lugar de pertenencia, le rendimos homenaje a la Patrona y le expresamos nuestra gratitud y alegría. El Santuario es el hogar espiritual, nos pertenece, es quizás lo más hermoso y visible que tenemos y nos regala santo orgullo. Cada vez que llegamos al Santuario experimentamos la presencia de una Madre; allí encontramos un lugar donde nos sentimos bien, donde reflexionamos, donde pedimos, donde ofrecemos dificultades y logros, alegrías y tristezas. Por eso meditamos el “Cántico al Terruño” -los invito a hacerlo también hoy- y afirmamos una y otra vez: “…es mi terruño, es mi tierra de Schoenstatt”.
A principios de este año, el Papa Francisco pidió a la Iglesia "valorar pastoralmente" el rol de los santuarios: "…caminar hacia el santuario y participar en la espiritualidad expresada en estos lugares es un acto de evangelización que merece ser valorado por su intenso valor pastoral".
Y mientras peregrinamos al Santuario y a las Ermitas -evocaciones del Santuario- a entregarle a la Mater nuestros pedidos y ofrendas de amor, nos sumergimos en el “misterio del Santuario” que es memoria, presencia y profecía.

1.  Todo Santuario es “memoria” porque guarda el recuerdo del acto sagrado, donde la Virgen decidió escuchar la petición creyente y fervorosa del P. Kentenich y establecerse en el Santuario Original. Tanto nos ha amado Dios, dice San Juan, que envió a su Hijo para que pusiera su morada en medio nuestro. Y ese Hijo eligió a su Madre para que Ella estableciera su tienda en el Santuario. Él es, como tantas veces lo repetía el P. Kentenich, una iniciativa divina, una irrupción de Dios en nuestro mundo.

2.  El Santuario es “presencia” y no sólo recuerdo. “El Santuario es una antena permanente de la Buena Nueva de nuestra salvación” (S. Juan Pablo II). Cuánto más nos adentramos en el misterio del Santuario más surge el asombro ante las maravillas que Dios hace allí. El Santuario es presencia constante de Dios en la ciudad; y María, la celebrante silenciosa de ese misterio. Son lugares de evangelización, ciudadelas de la fe, por un lado, “hospital de campaña” y al mismo tiempo, “facultad de medicina” (Papa Francisco). Como peregrinos invitamos a muchos a compartir esta experiencia y llevarnos el ardor apostólico, ese atrevimiento del amor, y la fortaleza de espíritu.
Un signo de todo esto es que desde nuestros Santuarios surgen propuestas vocacionales audaces, ya sea para la vida consagrada o sacerdotal, ya sea para la santidad en medio del mundo. María invita a muchos a hacer propia su proclama: “Hágase en mí según tu palabra”, tu voluntad. En la hondura del corazón mariano está el gozo de amar a Dios y servir a los hermanos. “Nada es imposible para Dios”.

3. El Santuario es “profecía”. Nos alienta a invitar a mirar lo que aún no hemos alcanzado: responder más
 vivamente a los problemas de la patria, superar la grieta social, la droga, acercarnos a los sin techo
 y sin amor, ayudar a los pobres y enfermos, superar la violencia familiar, apostar a una política 
honesta y preocupada por el bien común.
El Santuario es profecía del cielo. No tenemos aquí la ciudad permanente. Toda tragedia humana nos aviva en la esperanza del lugar donde no habrá dolor ni llanto, enfermedad ni muerte… sino alegría y paz, vida y santidad (cfr. Apocalipsis). Cuando lleguemos allí, la promesa se hará concreción; y allí estará Ella presente “hasta la consumación perpetua de todos los elegidos” (Lumen Gentium, 62).

Tres símbolos nos pueden acompañar en este día de gracia: la fuente, el faro y el foco. El Santuario es la fuente donde bebemos el agua pura y que sacia nuestra fe; fuente que se halla -como nos dice el Apocalipsis- en medio del jardín; para nosotros, es el Jardín de María. Pero el Santuario es también el faro que nos ilumina la meta: hacia allí vamos, hacia la conquista del hombre nuevo en la comunidad nueva. Es, además, el foco donde convergen los esfuerzos y donde se reúnen las personas de las más diversas procedencias sociales, culturales y políticas, con el único interés -el único foco- de dejarse iluminar en el camino. Que esos potentes rayos luminosos nos regalen hoy la dicha de sabernos amados por María y corresponderle: “Amo a los que me aman… pruébenme con hechos que me aman”.
P. Guillermo Carmona



2da Motivacion de Preparación para el Capítulo




“Según los deseos de Dios, usa de nosotros enteramente para tu Reino de Schoenstatt”
Objetivo: Reconocer que por pertenecer a Federación somos instrumentos en las manos de nuestro Padre y Fundador, ¡él nos necesita!
Podemos constatar cuánto ha ido obrando la Mater en nuestras vidas desde que sellamos la Alianza con Ella. Cada una de nosotras fue elegida de manera particular, nos miro especialmente y en un momento determinado para transitar este camino de amor, camino de Alianza. Nos escogió también para formar parte de un curso de Federación de Madres y reflejar un rayo de su luz y de su gloria. Descubrimos cómo sus promesas se han ido cumpliendo en nosotras. Ella nos atrajo hacia sí, nos ha hecho experimentar su presencia maternal y su mano educadora en el Santuario. La Alianza de Amor ha dado frutos. Sin embargo, estos frutos no son sólo un regalo de crecimiento personal, sino que la Mater nos ha elegido para que seamos sus instrumentos e instrumentos de su Hijo en medio del mundo. “Schoenstatt nació como un Movimiento marcadamente apostólico y así quiere seguir su camino a través de los tiempos. De allí que la entrega a María  necesariamente implique un compromiso apostólico” (1).
Por la Alianza nos hacemos instrumentos en manos de María, apóstoles y constructores del Reino de Dios aquí en la tierra. De esta manera, nos hemos convertido en ciudadanos del Reino de Schoenstatt (1).
Schoenstatt es expresión de la vida del Padre Kentenich. Su espiritualidad es la forma original en que el Padre vivió su relación con Dios. En la profundidad de su alma palpitaba un entrañable amor a María que encontró cauce en la Alianza de Amor. Este es el misterio mariano del Padre y si nos adentramos en él, descubrimos que, por esta Alianza de Amor, siempre se consideró -de modo especialísimo- ‘obra e instrumento’ de la Santísima Virgen. El 18 de octubre de 1914 marcó decisivamente la vida del Padre Kentenich y la vida de todas las que fuimos llamadas a acompañarlo en este camino de amor, en quienes nos hemos insertado en su carisma.
El Padre Menningen propone la tesis de que la fundación de Schoenstatt ha de ser entendida como el “yo ampliado del Fundador”. Dice el Padre Kentenich: “Me hace tomar conciencia nuevamente de que no tengo derecho a considerar la historia de mi alma como un secreto personal, sino que he de concebirla como patrimonio común de la Familia. Precisamente porque toda la historia de la Familia constituye, como se puede demostrar, una ampliación y reiteración de la historia de mi alma” (2).
“Hay que recordar que a lo largo de toda la historia de la familia yo jamás aparezco solo. Siempre lo hago por un lado, en un íntimo y vivo contacto con la Santísima Virgen y por otro, jamás sin una semejante y muy íntima unión con los seguidores. Por eso, con todo derecho, puedo decir: Para mí el NADA SIN TI se refiere no sólo a la Santísima Virgen sino también a mis seguidores. Con razón se puede decir que se ha gestado una obra común en el sentido aludido. No he utilizado la vida espiritual de mis seguidores como fuente de conocimiento y campo de siembra….ni una mera comunidad de trabajo. El fundamento fue siempre una comunidad espiritual profunda y abarcadora, un incomparable estar el uno en el otro, con el otro y para el otro….En suma, no estoy en la historia de la Familia como individuo aislado, sino siempre como cabeza de la Familia”. (2)
Hoy somos NOSOTRAS las seguidoras del Padre Kentenich. Puedo escuchar su voz que me interpela, me interpela a mí, a vos: “la obra que se ha fundado aquí es igualmente la obra de los colaboradores. No se me puede imaginar a mí sin ellos”.
Es más, el Padre nos confiesa: “Cuando era niño compuse una pequeña oración. Me arrodillaba y rezaba Dios te salve María por tu pureza… ¡Qué hermoso! Ábreme ampliamente tu corazón y el corazón de tu Hijo… Dame almas y todo lo demás tómalo para Ti”. “Dame almas…” ¡Cuántas personas nos regala Dios! Cada vez que alguien viene hacia mí para confiarme sus necesidades, Dios me está dando almas. Y yo puedo entonces esparcir la semilla. “Dame almas…” Así como yo me brindo, así serán formados los que acuden a mí; y lo que yo les diga, germinará en ellos.Queremos ganar almas” (2).
¡Qué hermoso es pensar que nuestro Padre y Fundador, ya siendo un niño, imploró a nuestra Santísima Madre, mi alma, tu alma y Ella nos eligió y se las entregó! El Padre nos necesita y nos quiere usar como sus instrumentos. En el plan divino hemos estado siempre íntimamente unidos a él, nunca se vio solo, ni se encontró solo, nada de lo que hizo fue en soledad, siempre estuvo con la Santísima Virgen y sus colaboradores, nosotras.
Hoy nos mira a los ojos y nos dice: ¿Quieres trabajar conmigo? ¿Quieres cooperar conmigo? ¿Quieres crear historia conmigo? ¿Quieres guiarte por mis deseos y mi plan de amor? (1). ¿Quieres ser  mi alma y corazón?¿Quieres ser un líder según mi corazón?
Podemos responder: “Sí, Padre, quiero, ¡aquí estoy!”; o bien “No, no me interesa, no puedo, no se como" El siempre nos deja libertad.
El Padre Kentenich, un instrumento escogido en las manos de Dios, hoy nos invita a ser sus instrumentos. El 20 de septiembre de 1949 dijo: “¡Qué pesada carga es el apostolado! Está bien quejarnos de cuando en cuando pero la actitud fundamental debería ser siempre: ¿Para qué estamos? Para consumirnos por el Reino de Dios.”

Preguntas de reflexión:
ü  ¿Me he sentido utilizada por Dios, por la Mater, por el Padre Kentenich para realizar alguna tarea? Si así fue: ¿cómo me sentí al responderle, al efectuarla?
ü  ¿Confío en que si Dios me da una tarea me da las gracias para realizarla? ¿Qué gracias he experimentado que me regala Dios al realizar lo que me confía?
Esta conciencia de ser instrumento en manos del Padre es esencial en el líder schoenstattiano, ya que es su Obra, no mi obra. Que como federadas aprendamos a decir como Jesús: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra." (Jn. 4, 34)

Bibliografía

1.      “Espiritualidad del Instrumento”  P. Rafael Fernández.
2.      . Kentenich Reader Tomo 1: Encuentro con el Padre Fundador, Peter Locher y Jonathan Niehaus.