domingo, agosto 20, 2017


HOERDE:  SU HISTORIA      

1. Contexto histórico de Hoerde
La prueba de fuego para la Congregación Mariana fue la primera guerra mundial (1914-1918). En los peligros y exigencias de la vida militar tenía que mostrarse, si el mensaje del 18 de octubre de 1914 se había arraigado en los corazones de los congregantes soldados.
La responsabilidad y entrega generosa de los jóvenes en el frente se expresaba sobre todo en 2 líneas:
(1) Formaron dentro de la Congregación una nueva organización: la Congregación Militar u Organización externa. Por supuesto estaba, como siempre, también el Padre Fundador detrás de esa iniciativa dando apoyo y sugerencias concretas. También entre los soldados se formaron pequeños grupos. Los que se encontraron cerca, se reunieron, los otros se escribieron regularmente. Meta de ese trabajo de grupo no era sólo salvar su vocación sacerdotal a través de todos los peligros de ese tiempo difícil, sino también querían mantener en alto la aspiración a los ideales de la Congregación. Y así se animaron mutuamente en la autoeducación, oración, cumplimiento del deber, etc. – ofreciéndolo todo como aportes al Capital de Gracias.
(2) La segunda línea: El espíritu apostólico los movió a conquistar también a otros compañeros para sus ideales. Pronto se formaron dentro de la “Organización Externa” nuevos grupos, cuyos miembros ya no eran estudiantes de los pallottinos. El 30.05.1915 fueron admitidos los primeros “externos” en la Congregación.
Para que esa organización tuviera vida suficiente, se dio mucha importancia al contacto epistolar con Schoenstatt, sobre todo con el Padre Kentenich. Él mismo escribió, en aquellos años innumerables cartas a sus congregantes en el frente.
Otra decisión importante y de mucha trascendencia fue la de sacar una revista propia. El 05.03.1916 apareció el primer número de la “Mater Ter Admirabilis” (MTA). Los primeros números tenían una tirada de 200 ejemplares; un año más tarde ya eran 1000 y medio año después 2000. Este éxito numérico indica que la revista fue leída por mucha gente que no eran schoenstattianos. No pocos de ellos se acercaron y se incorporaron a la Congregación Militar de Schoenstatt.
En este contexto podríamos hablar también de los congregantes héroes que son los ejemplos luminosos de ese tiempo y de esa generación: José Engling, Máximo Brunner, Juan Wormer, etc. (cf. Se trata de ti II, 9-13)
Al terminar la guerra en l918 y al volver los congregantes a Schoenstatt, a sus colegios o a sus casas, se disolvió la Organización Externa. Quedó la pregunta, si los estudiantes externos se darían por satisfechos con ello o si no buscarían más bien la forma de continuar con Schoenstatt y de darse una nueva organización.
El Padre Fundador no tomó ninguna iniciativa sino quedó esperando. Quería que los mismos congregantes externos tomaran la iniciativa y se sintieran ellos mismos los primeros responsables. Cuando ello se dio, el Padre les apoyó autorizándoles que prepararan una jornada: Hoerde, 19/20.08.1919. No se podía hacer en Schoenstatt, porque se encontró en la zona ocupada y la entrada era muy difícil.
2. La Jornada de Hoerde  ¿Por qué el Padre Fundador no habría querido participar de la jornada? Comentario del mismo Padre Kentenich (1950): "Yo tenía que ir a Hoerde, pero en el último momento me disculpé. Me guía siempre la misma idea: el hombre nuevo tiene que asumir responsabilidad, tiene que ser autónomo".
3. El desarrollo posterior a Hoerde
a) La Federación Apostólica (1920). El resultado de la jornada de Hoerde fue para el Padre la prueba de que Dios allí le quería abrir una puerta nueva. Por eso tomó en sus manos, de nuevo, el desarrollo de la joven Federación. El 6 y el 20 de noviembre del mismo año 1919 les mandó a los jefes de grupo dos cartas con instrucciones claras y el programa del “realce solemne de la vida interior”.
Además, el superior de los Pallottinos, el Padre Miguel Kolb, ponía una confianza absoluta en el P . Kentenich. Lo liberó de las otras tareas y lo puso a disposición de la Federación naciente.
También entregó el Santuario y parte de la “Casa Antigua” (al costado del Santuario) a la Federación Apostólica para su uso permanente.
Para los primeros días del año 1920, el Padre invitó a los jefes de grupo de la Federación a una jornada en Schoenstatt. (Cf. Jornada de Hoerde, 54ss.). Durante ese mismo año el Padre Fundador realizó otras 7 jornadas para la Federación naciente: un programa bien lleno para el primer año de vida.
b) La fundación de los otros “pisos” del movimiento. Hacia el fin de la guerra ya habían venido también jóvenes no estudiantes que se querrían unir a la Congregación, pero sin grupo, como miembros individuales. Decisiva fue una de las jornadas para jefes de la Federación Apostólica, la del 19/23.08.1920. En esa jornada se fundó la Liga Apostólica.
El nombre Liga viene de una iniciativa semejante de aquel tiempo, pero que después no prosperó: la Central de la Congregación Mariana en Viena intentaba juntar a los congregantes que estaban solos en una organización que se iba a llamar “Liga Mariana”.
Con esta fundación el Padre Kentenich permitió el acceso a la obra de Schoenstatt también a aquellos que no podían o no querían asumir las exigencias comunitarias de la Federación.
Poco después de la jornada, el Padre elaboró los Estatutos definitivos de Federación y Liga. En ellos se les dio a las dos comunidades juntas el nombre de Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
Con ello ya existían dos organizaciones fundamentales del Movimiento: Federación y Liga. Sin embargo, pronto se vio que la construcción no estaba todavía terminada y que el plan divino había aún previsto un tercer piso: los Institutos.
En este mismo año 1920, las primeras mujeres se interesaron por entrar en Schoenstatt. El Padre Kentenich, después de un tiempo de reflexión, las aceptó y comenzó la Liga y poco después la Federación para el sexo femenino. El 08.12.1920 se consagraron la condesa Gertrudis de Bullion y otra señorita pariente suya, como primeros miembros de la Federación de Señoritas.
Al crecer estas comunidades con mucha fuerza, surgió cada vez más la pregunta: ¿Quién puede dedicarse de lleno a la formación y conducción de la Liga y Federación femeninas? Por otra parte, el Padre Fundador sentía que las circunstancias del tiempo llamaron con urgencia por una nueva forma de comunidad.
La idea del Padre fue sacar a algunas mujeres de la Federación de su profesión y ponerlas a disposición plena de la obra.
Pero sacarlas de su puesto seguro – casi todas eran maestras – iba a ser un gran riesgo y, por eso, el Padre lo meditó durante mucho tiempo. El 13 de enero de 1925 se fundó con tres señoritas la pequeña comunidad, que al comienzo se llamaba: “Comunidad de las Hermanas de la Federación por profesión”. Un año más tarde (01.10.1926) se convirtió en el primer Instituto: las Hermanas Marianas o Hermanas de María de Schoenstatt.
En 1942, en el campo de Dachau, se colocaron los fundamentos del Instituto de los Hermanos Marianos. En 1944 el Instituto de los Sacerdotes Seculares y el de las Señoras de Schoenstatt (Darmi) nacieron a una vida autónoma, siempre conforme a la misma ley de la puerta abierta.
Hoy existen en Schoenstatt 6 Institutos: se agregaron en los últimos años, a los ya nombrados el Instituto de las Familias (1963)y el de los Padres de Schoenstatt (1965).
c) La federación desde 1921. Mientras tanto, también la Federación de los estudiantes creció con rapidez sorprendente. Sobre todo entró en muchos seminarios diocesanos y, cuando éstos se ordenaron sacerdotes, en el clero secular. Ya en el año 1920, el Padre Fundador tuvo que organizar la Federación a nivel regional (Gau); hasta ese momento sólo existían grupos y secciones (varios grupos, con un jefe de sección). Estas regiones se iban formando, por lo general, siguiendo los límites de las diócesis.
Una estadística el junio de 1923 indica que la Federación existía en aquel tiempo como región en 8 diócesis y tenía alrededor de 750 miembros: 2/3 de ellos eran hombres y 1/3 mujeres.
En todos estos años, el Padre Fundador inculcaba y educaba a su gente especialmente para la autonomía, la responsabilidad y la libertad interior. La Federación tenía que ser obra de ellos.
Dos expresiones de aquel tiempo lo iluminan. Los miembros de la Federación se identificaron tanto con su comunidad que empezaron a decir: “La Federación soy yo”. Otro dicho que surgió entre los primeros fue: “Por la Federación me dejo crucificar”. 
B. SU CONTENIDO CENTRAL
1. Los estatutos de 1920Como ya sabemos, los Estatutos han sido redactados y, en parte, reelaborados en el año 1920, después de la fundación de la Liga, por el mismo Padre Fundador. En lo que se refiere a la Federación Apostólica, se basan en los Estatutos que fueron aceptados en Hoerde. Pero se notan algunos cambios, por una parte seguramente frutos de las experiencias vividas durante el primer año y, por otra parte, indicaciones y convicciones del mismo Padre – ya que él en Hoerde no estaba presente. También desde 1920 hasta hoy se han dado otras pequeñas modificaciones, sobre todo en lo organizativo. Pero lo básico – por ejemplo las exigencias – se ha mantenido igual desde Hoerde hasta hoy.
Vamos a ver ahora algunos detalles, para conocer más a fondo la idea del Padre sobre la Federación Apostólica. Para ello, tomamos los Estatutos de Hoerde y de 1920 como punto de partida, pero tomando en cuenta también aspectos y desarrollos nuevos que el Padre agregó a lo largo de los años.
2. La finalidad de la Federación Apostólica    
Hoerde: “La finalidad de la Federación es la educación de apóstoles laicos formados en el espíritu de la Iglesia”. 
1920: “El fin de la Federación Apostólica es la formación apostólica de líderes católicos (…) en el espíritu de la Iglesia y en estrecho contacto entre sí”.
1927/1950: La Federación Apostólica es “una comunidad de jefes, libre, moderna, dispuesta como ejército en pie de batalla, inserta en el mundo, la que en estrecha unión con la jerarquía de la Iglesia, en el espíritu de los Consejos Evangélicos, se esfuerza por la conformación mariana del mundo en Cristo, desde Schoenstatt”.
Breve explicación de la finalidad (definición)
Comunidad: “La comunidad es lo característico, el signo distintivo de la Federación Apostólica”. A diferencia de la Liga Apostólica, en la Federación Apostólica la comunidad estrecha es obligatoria. Sin ella es difícil aspirar durante toda una vida a la santidad más alta y cultivar permanentemente el espíritu apostólico.
Por eso tiene la Federación un seguro en lo comunitario: el informe mensual (Actual Aviso) al jefe de grupo, si uno ha cumplido o no con la cuenta (Actual Informe) al confesor sobre Horario Espiritual y Examen Particular.
Afirma el Padre Fundador: “El espíritu comunitario es lo esencial de la Federación. Y la Federación cumplirá su misión en la medida en que cultive el espíritu de comunidad.” (Prinz´lehre, 99)
Jefes: No es necesario que los miembros de la Federación tengan un puesto, una tarea de dirigentes. Pero tienen que tener espíritu de jefe, actuar con mentalidad de jefe. ¿Qué significa espíritu de jefe?
Para el Padre, no es lo más esencial saber hablar, saber conducir. Más importante le parece ser fermento en el ambiente en el cual uno vive, también ser fiel a sus principios y convicciones. Dice el Padre: “Capacidad de jefe es, en lo más profundo, firmeza de carácter”. En otra oportunidad explica lo que, para la Federación Apostólica, es conciencia de jefe: “Una entrega inquebrantable a la idea de la comunidad; una capacidad más que mediana en el campo donde deba desempeñase como jefe; una entrega afectuosa a las personas que le han sido confiadas”. (cf. Reflexiones para un jefe. Padre Jaime Fernández).
La Federación Apostólica es una comunidad de élite, como el Instituto. Por eso tiene que ser un caso preclaro para los demás, especialmente para la Liga Familiar.
Apostólica: La otra gran característica de la Federación es el apostolado. Los Estatutos de 1920 hablan de “Actividad apostólica permanente en todos los ámbitos alcanzables…”
La Federación Apostólica tiene una responsabilidad especial por Schoenstatt (en primer lugar por la Liga de matrimonios),la Iglesia y el mundo. Su meta apostólica es “la conformación mariana del mundo en Cristo”. Por eso le es propia una fuerte y marcada conciencia de misión.

El primer apostolado se refiere a la propia familia y al hogar: la realización del ideal matrimonial y familiar schoenstattiano, modelo de la familia cristiana. En segundo lugar está la construcción y el cultivo de la propia Federación: la educación del Hombre nuevo y la forjación de la nueva comunidad.
La Federación, junto con el Instituto de Familias, forma parte de la pars motrix (parte motriz) de la Obra.
Libre y moderna: Lo novedoso de la Federación Apostólica es que está construida en base al principio: Vínculos sólo en cuanto sean necesarios, libertad en cuanto sea posible, y un gran cultivo del espíritu. En esto hemos de buscar también una diferencia esencial entre la Federación Apostólica y el Instituto. El Instituto tiene vínculos jurídicos: Sus miembros se comprometen a la obediencia, a la fidelidad bajo pecado. Los miembros de la Federación Apostólica se comprometen a través de vínculos ascéticos interiores (pero no bajo pecado). Por eso, en la Federación tiene tanta importancia el cultivo de la verdadera libertad, de la magnanimidad y de la interioridad.
Dispuesta como ejército en pie de batalla: Una comunidad educada, formada, ordenada, disciplinada, – que puede entrar en combate donde y cuando sea necesario.
Inserta en el mundo: Vivimos no en un convento, sino en medio del mundo. Por eso hemos de levantar muros interiores, espirituales a nuestro alrededor. Hemos de impregnar nuestro ambiente con una atmósfera religiosa. Hemos de buscar el rostro de Dios detrás de todos los acontecimientos y cosas del mundo y vivir en permanente vinculación a Él.
Con la Iglesia: Schoenstatt y la Federación Apostólica asumen la misión apostólica de la Iglesia; quieren ser una comunidad de jefes para la Iglesia. Schoenstatt no está al lado o fuera de la Iglesia, sino forma parte integrante de ella. Schoenstatt quiere ser el Corazón, es decir, el poder de amor en la Iglesia.
En el espíritu de los Consejos Evangélicos: Por aspirar a la más alta santidad, la Federación Apostólica cultiva el espíritu de los Consejos Evangélicos: obediencia (espíritu de libertad interior y docilidad frente a los deseos de Dios y sus transparentes humanos), pobreza (espíritu de sencillez interior e independencia frente a los bienes materiales), castidad (aceptación de los derechos y deberes matrimoniales tal como la Iglesia lo enseña) y se elabora en esa línea su propio estilo de vida.
Mariana: Nuestro camino hacia la santidad pasa por María. “Cada miembro de la Federación tiene que ser un hombre acentuadamente mariano”, indica el Padre Fundador.
Desde Schoenstatt: Nuestra vinculación al lugar de Schoenstatt, la fuente de gracias, es fundamental: por la mucha libertad y el mínimo de vínculos obligatorios. Es como la garantía de nuestra vitalidad y fecundidad.
Desde Schoenstatt significa también, en la fuerza de la espiritualidad de Schoenstatt. Eso implica, conocer bien el mundo de Schoenstatt (formación), vivir Schoenstatt (Alianza, Poder en Blanco, Inscriptio, relación al Padre Fundador, aspiración a la santidad, etc.) y proyectar Schoenstatt (misión, carisma)…
5. Las exigencias de la Federación Apostólica
Hoerde/1920
a) En lo ascético: Para apoyar la seria aspiración a la máxima perfección posible: la Federación Apostólica exige de cada miembro:
(1)  Horario Espiritual y Examen Particular (Propósito personal), controlados diariamente por escrito.
(2)  Tener un confesor fijo / estable (Director Espiritual).
(3)  Darle a éste cuenta mensual (en ocasión de la confesión) sobre el cumplimiento del Horario Espiritual y del Examen Particular.
+ Cada Federación Territorial podría agregar otras exigencias; por ejemplo: Asistencia al retiro anual de la Federación, etc. 
 b) En lo comunitario
(1)    Comunicar mensualmente al matrimonio – jefe del grupo de la Comunidad oficial ficial) si dieron cuenta al confesor sobre el Examen Particular y el Horario Espiritual. Los matrimonios jefes hacen lo mismo, acerca de ello y sus respectivos cursos, a los matrimonios-jefes regionales; éstos, de la misma manera, al matrimonio-jefe territorial.
(2)    Más tarde, en base a las experiencias de los Institutos, el Padre Fundador agregó otra obligación comunitaria: la pertenencia perpetua a un Curso que con su ideal, vida y actividades es responsable de mantener y profundizar el espíritu de la Federación.
 c) En lo apostólico. Actividad apostólica permanente en todos los ámbitos alcanzables, en dependencia de los responsables correspondientes.

d) Consejos Evangélicos. Las experiencias de los años posteriores lo han convencido al Padre Fundador de la necesidad de desarrollar costumbres de vida, que reflejan en forma preclara el espíritu de los Consejos Evangélicos.

BOLETÍN   FEDERACIÓN  DE  MADRES

viernes, agosto 18, 2017




 CARTA DE ALIANZA
AGOSTO 2017








Queridos hermanos,

El Padre Kentenich es para nuestra Familia de Schoenstatt, una de sus realidades más centrales - un “punto de contacto” decimos- junto con la Mater y el Santuario. Él es también un ejemplo de la “Alianza que transforma”. Su historia de vida podría haberlo transformado en una persona amargada, rencorosa y vengativa; podría haber acabado deprimido y atormentado, como tantos prisioneros de los campos de concentración; y hasta renegado incluso de la Iglesia, como quienes sufrieron la injusticia y el autoritarismo de algunos de sus jefes…
¿Qué le permitió hacer de tantas dificultades verdaderas oportunidades? Cuando no había él cumplido aún nueve años experimentó conscientemente que María lo tomaba bajo su cuidado y lo fue educando en una alianza de amor mutua. María hizo de él una persona de bien, de consejo, un “sacerdote ejemplar” (Juan Pablo II), fundador a quien hay que imitar (Papa Francisco), padre y profeta para muchos.
¿Por qué los invito a meditar hoy en su persona? Me motiva a ello que el próximo 20 de agosto se cumplirán 70 años que un grupo de Hermanas de María, reunidas en el Santuario de Nueva Helvecia, sellaron por primera vez una “alianza” de hijas con el Padre y él con ellas. También esta alianza hizo historia, transformó el corazón de esas Hermanas y lo sigue haciendo en aquellos schoenstattianos que le entregan a él su corazón, para que él se lo transfiera a María.
Muchos que llegaron a conocerlo experimentaron su paternidad, creadora de esperanza y de vida en libertad. En una carta que él escribió a uno de sus colaboradores más cercanos, le hablaba sobre el secreto de esa paternidad:
“Déjame contarte sobre la gestación de Schoenstatt. Luego de haber abierto los corazones y de crear un cierto clima espiritual a través de las conferencias, mi tarea principal consistió en estar a disposición de la gente día y noche. Había que ayudar a muchos en la solución de sus problemas psico-espirituales, apoyarlos en sus búsquedas y la superación de complejos. Esta labor yo la defino como paternidad y maternidad creadoras, que no sólo cultiva una distancia respetuosa, sino también una cercanía animada por el amor, siempre dispuesta a entregar todo por aquellos nos han sido confiados; que sacrifica por ellos no sólo la tranquilidad del sueño, sino también que consume hasta las últimas fuerzas en su atención pastoral. Como lo enseña Jesús: nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (de una carta al P. Menningen).
Queridos hermanos, el próximo 15 de septiembre comenzaremos el “año del Padre”. Desde ese día hasta el 15 de septiembre del 2018, quincuagésimo aniversario de su partida, podremos adentrarnos aún más en su persona y su carisma. Por eso los invito a que este 15 de septiembre nos reunamos en nuestros Santuarios y ermitas para iniciar un año que no quiere ser sólo una memoria, sino un estímulo para asumir su carisma y llevarlo al mundo y la Iglesia: “Schoenstatt en salida”.
La frase escrita en la alfombra que recuerda el lugar de su muerte, “Hacia el Padre va el camino”, es el indicativo de esta peregrinación, mientras vamos confesando: “Padre, vamos contigo, nuestro corazón en tu corazón, nuestro pensamiento en tu pensamiento, nuestra mano en tu mano”.
Bendecido día de la Alianza para cada uno y que la Mater nos siga transformando en el amor.


P. Guillermo Carmona